lunes, 9 de marzo de 2009

Termoelètrica


¿Dónde Está el Artista?
A principios de Octubre de 2007, en la mañana de un sábado, a eso de las once de la mañana, un minibús estacionó en la Calle Uno Poniente y rápidamente descendieron niños, mujeres jóvenes, ancianas y hombres de distintas edades. Portaban pancartas con leyendas oponiéndose a la instalación de una central termoeléctrica a carbón, en una zona costera próxima a Constitución.
Alguien del grupo, que rápidamente se reunificó para marchar por la Calle Uno Sur, me entregó un volante.
El papel utilizado era de poco gramaje y similar al que utilizan las campañas políticas con presupuesto reducido.
Ese naciente movimiento ciudadano derivaría en un gesto opositor que bien podría dejar pálida a cualquier obra del Burning Man Festival, pues construyeron el ataúd más grande del mundo. Lo emplazaron verticalmente en la playa donde el gobierno autorizaría la construcción de la central.
En una de las caras del ataúd monumental, con nítidas letras blancas, se lee:
“ PRESIDENTA: Ud. Decide a Quien Sepulta”.
Leyendo el panfleto, y luego de observar la entusiasta disciplina de los integrantes del colectivo, capté que había observado a un movimiento ciudadano que, para defender su causa, no aceptaba la desmovilización.
Semanas más tarde, cuando plantaron el ataúd monumental en la playa. ratifiqué mi intuición del repliegue de los artistas visuales y de que ese objeto definía una evidente manifestación del arte social. Y ese movimiento ciudadano podría pasar por una escultura social en cuanto movimiento ciudadano cuya actitud da forma a una conciencia.
Del repliegue social de los artistas visuales: a mediados de los ochentas, en un ejemplar de la revista Humboldt, circuló una reproducción de una pintura, probablemente ejecutada en los setentas, titulada “¿Dónde Está el Artista?”. El cuadro recrea un taller donde en el segundo plano se observa una ventana abierta de par en par. Por allí se divisan las pancartas de una manifestación. En la habitación, en el costado izquierdo, se observa un atril de pintor con una tela blanca dispuesta para su utilización.
El día sábado 18 de noviembre en el improvisado cierre dispuesto en la vereda norte de la calle Uno Sur, entre la Tres y la Cuatro Oriente, descubrí varios afiches que invitaban a un foro en el Centro de Extensión de la Universidad Católica del Maule. El afiche contenía cuatro fotografías y estaba impreso en un papel couché de óptima calidad. La invitación consistía en analizar el problema ecológico, Los Derechos Humanos y la Economía Sustentable
Asistí al foro el día Jueves 23 de Noviembre. Llegaron casi treinta personas. Reconocí a algunas integrantes de un colectivo feminista.
Minutos antes del comienzo, se sentó a mi lado Lisandro Roco, profesor de biología. Me dijo que estaba trabajando en la Fundación CRATE. Hace dos años fuimos compañeros de trabajo en el mismo colegio.
Presentaron a los panelistas. El representante de Amnistía en Chile, una docente ingeniero forestal de la UCM, una psicóloga de una Ong y un profesor, que lidera el colectivo que se opone a la construcción de la termoeléctrica. En el tema convocante ese profesor era el único panelista que no estaba adscrito a instituciones, como el resto de los panelistas.
Los primeros tres panelistas expusieron conceptos y cifras frente al tema y respetaron el tiempo de exposición. El timbre de voz de estos participantes se mantuvo medianamente bajo. Cuando le tocó su turno al profesor, el volumen de la voz aumentó. Su exposición excedió los tiempos del foro. Enunció el viaje en la defensa de un territorio, que cualifica como un alfabeto de la resistencia civil:
A.- Como cualquier habitual lector de un periódico se informa acerca de la construcción de la termoeléctrica. B.- Se reúnen en casa de un vecino dieciséis lugareños, impactados por la noticia. C.- reúnen información y se enteran de los plazos para hacer indicaciones a la iniciativa del grupo empresarial que se ha adjudicado la construcción de la central. D.- Ingresan a Internet y se enteran que antes de sesenta días deben hacer las observaciones. Ninguno tiene capacitación para hacer observaciones técnicas, sólo les anima el amor a su territorio y su paisaje. E.- Descubren que forma parte del directorio de la empresa que construirá la central, a quien fuera un importante personero del primer gobierno concertacionista. F.-Acuden a la Municipalidad de la localidad afectada por el funcionamiento de la central, y la primera autoridad alcaldicia se desentiende del problema y minimiza el impacto ambiental por venir. No aporta información relevante G.- La prensa se muestra indiferente a sus peticiones de investigar y denunciar. H.- Se desplazan a las ferias libres y a la Fiesta de la Candelaria para mostrar su disconformidad y alertar a la población lugareña. I.-Entre los paisanos buscan profesionales. Los días pasan y se acortan los plazos para presentar observaciones. J.- Ninguna universidad regional les ofrece algún tipo de apoyo. K.-Cuatro días antes de expirar el plazo, entregaron seiscientas observaciones. L.- Viajaron a distintas localidades para denunciar e informar. M.- Deciden construir el ataúd más grande del mundo, de manera de llamar la atención de la prensa. N.- Llega la televisión ante el suceso y emite la noticia durante veintiocho segundos. O.- Tratan de convocar los diputados y senadores de la zona y el distrito: no estaban ubicables y de ellos no hubo presencia. P.- Después de un año de movilización crean la Corporación de Defensa de la Costa del Maule. Q.- Entonces, llegó el senador Avila. R.- El diputado Lorenzini nunca apareció. S.- El profesor Julio Gonzáles, Presidente de la mencionada Corporación, ejerce la docencia en San Fernando y hasta la fecha del foro viajaba con frecuencia Cauquenes y Chanco para continuar su protagonismo en esta versión de una saga liliputiense.
En el instante que la moderadora ofreció la palabra a la audiencia, me retiré. Caminé por la calle Uno Poniente y a esa hora el alumbrado público delineaba la mezquina arquitectura de las viviendas. La noche parecía más oscura. Recordaba el dato entregado por el señor Julio González: la termoeléctrica será la más grande de Latinoamérica y, al entrar en funcionamiento, con toda seguridad destruirá la fauna, la flora, el paisaje, las fuentes laborales asociadas a la pesca artesanal, el incipiente turismo y la salud de los habitantes del sector del emplazamiento.
En los casi noventa días posteriores al foro, uno percibe la tibia intervención de los políticos y no se sabe a ciencia cierta acaso la maquinaria licitadora estatal se ha detenido. Y se desconoce el nombre del artista anónimo que desafía al poder con el izamiento del ataúd más grande del mundo. Ese caliente involucramiento no ha llevado a adherir a los artistas conocidos y reconocidos del circuito local. Entonces, viene bien acordarse de la interrogante: ¿Dónde Está el Artista?

1.- (Fotorreportaje publicado en el Diario El Centro el día 14 de Enero de 2008)

Concierto


13 de Enero DE 2009.- Concierto Dúo de Guitarra y Canto.
Ilse Simpfendorfer y Alberto Pérez.
Sala Emma Jauch,
Centro de Extensión de la Universidad de Talca.
A las 20:00 horas la audiencia, alrededor de medio centenar de personas, en espera está compuesta por personas de la tercera edad, melómanos que se conocen entre sí y seguros asistentes a los conciertos que se ofrecen en Enero y aparentemente son vecinos del sector residencial próximo al Centro de Extensión.
Las sillas las han dispuesto en tres grupos y enfrentan el mural Chile que ocupa la extensión del muro norte, dejando un limitado espacio como escenario. En la última corrida de sillas distingo a Roberto Aravena, el Amigo del Arte. Me dice que en esos mismos instantes en otro centro universitario exhibirán la película Brasil. Me pregunta si la he visto. En un teatro independiente presentan una obra, agrega. El no sabe si quedarse o partir a una de las dos actividades.
Entre los asistentes no se encuentra la Directora del Centro, María Teresa Guerra. Es una extrañeza, porque siempre está recibiendo al público. Cada vez que se ofrecen recitales los dípticos informativos están puestos sobre las butacas o las sillas; esta vez hacen entrega de un ejemplar cuando el espectador ha tomado asiento. Me llega uno y al leerlo descubro una novedad: entre el texto del curriculum aparece el teléfono de los intérpretes, la dirección de su domicilio y su correo electrónico y escuetamente se lee que esa información es para su contratación. Estos datos no son habituales. No tengo registro en mi memoria de algo semejante.
La conversación con el Amigo del Arte ha derivado al tema del amor y las dificultades con las mujeres jóvenes actuales. Según Aravena sólo se preocupan del carrete, no son fieles y si el varón no dispone de dinero no hay expectativas de continuidad. Le replico que sus probables dificultades estriban en que él es muy exigente y lo invito a contemplar las mujeres presentes, cosa que a él no le parece.
Antes que lleguemos a cualquier conclusión, ingresan los intérpretes. Ilse Simpfendorfer lleva un vestido negro de una pieza y –curiosidad en una cantante, que la diferencia con las que han participado en temporadas anteriores- sobre su hombro izquierdo sujeta un chamanto con su mano derecha. Alberto Pérez viste una ancha camisa blanca, tipo guayabera, con lo que desplaza la formalidad en el vestir que uno suele presenciar. Dice que interpretará una tonada, que luego se centrará en su presentación y en un segundo tiempo Ilse hará su propia actuación. Luego saca de su guitarra los acordes de una tonada e Ilse descubre un pañuelo blanco que había ocultado bajo el chamanto y, mientras canta Alberto Pérez, y lo agita en su mano para hacer el delicado movimiento de la cueca. Terminada la pieza musical, ella se retira de la sala.
A continuación, Pérez interpreta canciones en francés y en español. Canta canciones de Violeta Parra. Interpreta canciones propias, musicalizadas a partir de poemas de poemas de Pablo Neruda. Entre las canciones, cuenta con una naturalidad propia de un encuentro con un cantautor en un pub, que se hizo ciudadano suizo tras haber arribado a su exilio, que cumple las funciones de concejal y, dado su dominio de tres de los cuatro idiomas que se hablan en Suiza, hoy él es quien acredita las solicitudes para obtener esa ciudadanía. El dominio de al menos uno de los idiomas es requisito insalvable.
La audiencia se empieza a distender y a los comentarios humorísticos de Pérez (‘Ahora cuando vengo, veo una acequia y me emociono. Allá no hay acequias’) se escuchan risas y breves intentos de interlocución espontánea. El cuenta entre sus anécdotas el encuentro con Charles Aznavour, ‘un viejito chico y canoso’, el mismo día en que oficialmente le entregan la ciudadanía suiza. Para celebrar este esperado acontecimiento, en un recinto comunitario han organizado un sencillo cóctel. Sentado en un extremo del salón, Pérez reconoce a Aznavour. Se acerca, y le comenta que él había asistido a ver sus presentaciones en Chile, antes del setenta y tres. Aznavour lo mira y exclama: ¡Ah, usted es chileno!’ .Cuando escucho esas anécdotas, observo que ha llegado la directora del Centro y se ha sentado entre el público y no en primera fila, como siempre suele hacerlo.
Entre anécdotas e interpelaciones y humor, la decena de canciones se disfrutan en una atmósfera inusual. Antes que termine su presentación, el Amigo del Arte se retira.
En la última interpretación, Pérez anuncia que habrá un receso de cinco minutos y luego Simpfendorfer ingresará para hacer su presentación. E informa que ésta es la primera vez en que hacen una presentación juntos.
Nadie se mueve de su asiento y se percibe que el lapso transcurre rápido.
Cuando se reinicia la presentación, Ilse Simpfendorfer ingresa nuevamente y esta vez viene ataviada con las joyas mapuches tradicionales, el trarilonko, adornado con las cintas de los colores de la bandera mapuche, y un sikil de tres cadenas. El público está sorprendido y admirado. Ella dice que interpretará tres canciones en mapudungun, acompañada de pérez en la guitarra, aclarando que no es rigurosa en cuanto interpretación porque el canto debe ser a capella, y previamente traducirá el mensaje de cada canción. La interpretación que hace enseguida está dentro del estricto canon del canto lírico. La audiencia escucha en un silencio de alta reconcentración. Y es la primera vez que escucho una pieza musical en mapudungún en la programación de la extensión universitaria. Luego, canta piezas operáticas, haciendo una breve introducción.
En la penúltima interpretación, cantan a dúo la tonada a Manuel Rodríguez, con letra de Pablo Neruda.
Lo que viene a continuación no es la guinda de la torta: Pérez anuncia que cantarán a dúo una canción-homenaje a ‘otro guerrillero, al Che Guevara’. El semblante de la directora del centro de extensión mantiene una sonrisa imperturbable, pero a la piel de su rostro la domina una coloración rojiza. Y se largan a cantar un son cubano… “tu entrañable transparencia, comandante Che Guevara…”
Los asistentes aplauden cuando se retiran y siguen aplaudiendo con igual brío y los cantantes no pueden traspasar el umbral de la sala Emma Jauch, como si el brío de los aplausos fuese un cálido obstáculo. Y vuelven a ubicarse en el improvisado escenario y en ese silencio agradecido de los asistentes indican que interpretarán la canción que dice: “Se equivocó la paloma, se equivocaba…”.
Se retiran definitivamente y los aplausos se distancian, pero, a diferencia de otros conciertos, se produce espontáneamente una proximidad física, porque el público sale detrás de los cantantes y, al encontrar cerrada la puerta de la oficina de la dirección, la gente los alcanza, estrecha sus manos, los felicita y agradece sus canciones. Cuando me acerco, Pérez me dice: ‘¡Estoy emocionado de verdad!’. No tiene para qué decirlo porque la cortina húmeda en sus ojos ha puesto brillo en su mirada. Ilse Simpfendorfer sonríe y agradece cada gesto de aprecio que hombres y mujeres le manifiestan atropelladamente.
La pregunta acerca de qué gatilló un comportamiento proactivo en el público, usualmente formal y contenido, queda rondando. Pudo ser el hecho de que Pérez comunicará abiertamente la faceta de enamorados que ambos viven por estos días. Pudo ser el rango performático decoroso que asumió Ilse Simpfendorfer cuando interpretó los tres cantos mapuches. Pudo ser la abierta exposición de la cultura musical del exilio y el homenaje al máximo icono izquierdista. Pudo ser que lo autóctono superó lo internacional culterano en la apreciación artística que hiciera el público.

domingo, 8 de marzo de 2009

Desmontaje


Sábado 15 de N0viembre de 2008
Inicié mi salida a Curicó a las 10:15 horas desde el rodoviario Lorenzo Varoli. Mi llegada al terminal de buses curicano fue a las 11:15 horas. Preguntando a tres personas llegué hasta el Mercado. Cuando preguntaba a los transeúntes o dependientes de pequeños locales comerciales, y seguía caminando por calles desconocidas, tratando en cada bocacalle de divisar el Cerro Condell para retomar una orientación urbana, me acordaba de un tío, al que vi en dos ocasiones, que se había desempeñado toda su vida como cartero en Curicó. Supimos que había jubilado en ese servicio. El era muy formal y amable en el trato. Seguramente conocía al dedillo cada rincón de la ciudad. Con mis hermanos asistí a su funeral, que ocurrió dos años después del fallecimiento de mi madre, una de sus dos hermanas. Por uno de mis hermanos mayores me enteré de la razón del distanciamiento familiar: mi madre nunca le perdonó que se hubiese entrometido en sus problemas conyugales, tomando partido por la versión del conflicto que le entregó mi padre. Mi padre lo visitaba con frecuencia durante el periodo, unos cinco años, en que se desempeñó como rondín en la estación de ferrocarriles de Curicó. Yo tenía nueve o diez años y varias veces lo acompañé. Yo despertaba en medio de la noche, en el vagón habilitado como habitación, y lo observaba transcribir caligráficamente letras de tangos, boleros y poemas.
Los cuadros estaban en perfecto estado. Lo mismo el objeto expuesto sin la protección de un vidrio. No había deterioro evidente y la vigilancia había dado buen resultado. La cortina, de la que habían pendido los cuadros, no mostraba roturas ni manchas
Allí, la muestra la cuidaba Fabián, estudiante que cursa el segundo año de la carrera de agricultura en la Universidad Católica del Maule, cuya sede está en la ciudad de Curicó. Le planteé que, según instrucciones de Brenda Sandoval, todos los cuadros, objetos y demás materiales debían ser almacenados en su casa, desde donde se retirarían el día lunes. Su casa es un hogar universitario que lleva el nombre del sacerdote católico que lo creó. Se manifestó preocupado cuando cayó en la cuenta que eso implicaba transportar un cubículo de base cuadrada de unos cuarenta por cuarenta centímetros y una altura de un metro, una silla plástica, los cuadros y los siete polines. La casa dista unos cinco cuadras Lo tranquilicé diciéndole que la solución era contratar un radiotaxi, u otro vehículo de similar capacidad.
Le pregunté cómo se había adjudicado el pituto de trabajo como cuidador de la muestra. Dijo que el hogar universitario siempre trabajaba con la Corporación Cultural de Curicó, que está les daba pegas susceptibles de realizar por los estudiantes.
Comencé por cortar el hilo plástico, cortar los alambres que sujetaban los marcos más pesados, el travesaño del armazón y desanudar los alambres enrollados en torno a los polines verticales y al horizontal. Fabián se dedicó a envolver los cuadros y objetos ocupando para tal efecto papel periódico que yo había llevado. Amarraba con un hilo plástico reciclado que también le entregué. Toda esta operación la ejecutaba en cuclillas en el embaldosado del acceso al Mercado. Al mover el cubículo, descubrimos cajas unipersonales de envases de jugos y servilletas arrugadas
Al poco rato llegó otro compañero del hogar universitario. También es estudiante de agricultura en el mismo centro universitario, pero el cursa el cuarto año de la carrera. Con su ayuda destrabé el armazón de madera y la cortina.
No recuerdo en qué momento se hizo presente Brenda Sandoval. Me dijo que venía de supervisar otras obras expuestas en la Feria. Acordamos que me haría llegar el registro del audio del seminario realizado la noche anterior. Después acordamos que yo le entregaría vía e-mail los datos de una cuenta bancaria. Antes me había dicho que el monto a cancelarme, no podía tenerlo en ese día en efectivo, porque la oficina estaba cerrada y no recuerdo qué impedía contactar a una encargada de las finanzas.
No teníamos ninguna información que agregar en esos minutos y nos despedimos. Caminó con uno de los estudiantes hasta la oficina del administrador del Mercado. Al regreso, dijo que en ese local guardáramos los materiales y obras. Los universitarios trasladaron el cubículo, la silla, los cuadros y los polines. En la oficina, Fabián acomodó los cuadros de pequeño formato en el interior del cubículo. Cada cuadro, lo mismo que el par de frascos de conserva, lo envolvió con admirable prolijidad y cuidado. En la pequeña oficina todo quedó instalado entre el cubículo negro y la mesa que ocupa el administrador.
Salimos los tres del Mercado. Me despedí del segundo universitario. Con Fabián caminamos hacia el terminal de buses, porque él se dirigía en esa dirección. Le comenté que había observado la nula presencia de flyers de tocatas de rock pegados en los muros. Para mí daban cuenta de la inexistencia de grupos de rock locales. Le pregunté cómo eran los fines de semana en Curicó. Dio una respuesta desganada. Le dije ‘los fines de semana tú te dedicas a estudiar nomás’. Sí, dijo. Caminamos entre una docena de alcohólicos de mediana edad arracimados en la vereda. Unos, ebrios, permanecían sentados, apoyando la espalda en la pared. Al aproximarnos a ellos, le dije a Fabián que pasaríamos entre una Corte de Príncipes Macheteros. El se sonrió y dijo que esa parte de la ciudad era un barrio venido a menos. Al acercarnos, nos pidieron una moneda de cien pesos.
Durante la caminata al terminal de buses, me preguntó cuantos años llevaba pintando. Intensivamente, cinco, le dije. Ha avanzado harto, comentó. Yo le había preguntado acaso había tenido Artes Visuales en su enseñanza secundaria. Dijo que sí, y se acordaba del nombre de su profesor. Durante el trayecto le pregunté que había pasado con lo aprendido en su asignatura de Artes, si acaso había seguido dibujando o pintando. No, nada, dijo. Le dije que mi sospecha era que su afición al fútbol había desplazado el interés por el cultivo del arte. Hizo una afirmación moviendo la cabeza. En una esquina del terminal nos despedimos.
Abordé un bus que salía a las 13. 15 horas. Mientras el bus recorría las estrechas calles y doblaba esquinas angulosas en dirección a la Alameda, recordé a mi tío curicano. Recordé su sonrisa, sus modales educados, su figura flaca, su baja estatura. La segunda visita que hizo al hogar de mis padres ocurrió en los meses de agonía de mi madre. Seguramente el enojo juvenil, a esas alturas de la vida, había dado paso a una reconciliación no volcada al lenguaje.

lunes, 23 de febrero de 2009

EXTASIS


Viernes 20 de Febrero de 2009.-
M.O.T.S.-
S. Sarduy en su libro Escrito sobre un Cuerpo describe una pintura de Martial Raysse. El cuadro recibe la representación de cuatro cubos utilizados para la enseñanza del abecedario. Estos en cada cara muestran una letra. En el cuadro, Raysse deja a la percepción inmediata del espectador cuatro caras de igual numero de cubos, cuyas letras forman la palabra mots (en francés, palabras). Podríamos decir que Sarduy rescata e identifica una de las primeras ‘pinturas conceptuales’, que saltan la fase del Contenido para enfatizar la centralidad de la Comunicación, de la que es portador el objeto-cuadro.
Esta experiencia estética, y la reflexión derivada, revivió la tercera semana de enero de 2009, cuando el noticiero regional Red Maule de la Televisión Nacional informó que la Policía de Investigaciones había logrado detener a sujetos que ideaban distribuir en la región mil ochocientas dosis de la droga denominada ‘éxtasis’
En los segundos que duró la transmisión de la noticia los televidentes pudieron alcanzar a verla la disposición de cientos de pastillas dispuestas en una mesa cubierta con un mantel oscuro, formando las fila ortogonales de pastillas cada letra de la palabra ‘extasis’. Esta palabra la subrayaban dos líneas formadas con dos regulares disposiciones de pastillas, dando cuenta del axioma kandisnkiano de que la línea la forma una sucesión de puntos. Y además esta doblemente apostrofada, es decir, es una cita bibliográfica, en su presentación.
En la sección Crónica de los días19 y 20 de Enero, el Diario El Centro enseña la imagen descrita, el lector puede leerla y observar que en la fotorreportaje del segundo día, una joven detective está en un segundo plano, como si recién hubiese terminado de disponer sobre la mesa ‘tipográficamente’ las pastillas, evidencias del éxito de la pesquisa policial.
Si la PDI dispone dentro de su organigrama de un Departamento de Relaciones Públicas, queda la interrogante acerca del mensaje de la información. Queda la duda respecto de si la intención es glorificar o enmarcar la eficiencia de la operación policial o comunicar un contenido nebuloso, porque de otra manera para qué apostrofar, subrayar y, lo que es principal: disponer un material prohibido para connotar y denotar simultáneamente. Si a la joven detective cupo la tarea de abrir cada envase de las pastillas y luego ordenarlas hasta dibujar las siete letras, ¿quisieron hacer relevante la droga o denostarla ante la opinión pública?
O dándole a la PDI el beneficio de la seriedad de un organismo ’comprometido en combatir el flagelo de las sustancias ilícitas’, cabe la posibilidad de que no sea la responsable del hecho comunicacional descrito sino la prensa sensacionalista, puesto que la Reforma Procesal Penal prohíbe entregar los rostros de los inculpados, ergo, es necesario buscar otro recurso iconográfico que ilustre el éxito de una operación policial; sin embargo, ante esta posibilidad el lector puede preguntarse dónde queda la responsabilidad de una probable oficina de RRPP.
O cabe una opción comunicativa planteada por la autoridad estatal quien, enterada de que es la sociocultural de la imagen la que gobierna al final de cuentas, ordena ‘cacarear los huevos’; en este caso, haciendo notar sus logros. Y la última opción: la genialidad tautológica de la presentación de la evidencia no es responsabilidad de la PDI ni de los aparatos comicacionales gubernamentales, sino de los fotorreporteros, esos grandes suministradores de la mejor iconografía de las representaciones del arte contemporáneo.

REGISTROS


I7 de julio de 2007.-
Encuentros con Espectadores.-
A María Eugenia Arellano le dí el pésame porque ChilePrimero no pudo inscribirse como partido político. Dice: Esto es muy fuerte para el ego del jefe- refiriéndose al senador Fernando Flores.
Después saludo a Roberto Aravena, quien se autodenomina “amigo del arte”; mientras se hacen los discursos en la sala destinada a Los Jóvenes Talentos, él está sentado frente a las escaleras que dan a la calle Uno Poniente. El me pregunta por qué pinté a San Jorge (se refiere a una de las pinturas del Archivo SEE, que expuse en la Biblioteca Regional del Maule, Talca); acaso se debe a un deseo de protegerme de los males de la envidia. Dice que en la creencia popular los católicos rezan al santo por ese motivo.
Esto ocurre durante la presentación y agradecimientos de la muestra “Registros…”, de Alejandro Cáceres.
En la sala donde posteriormente se ha inaugurado la exposición de grabados de Santos Chávez, converso con Nicodemus González Sotelo, dueño del local “Chévere”, dedicado al comercio de artículos fotográficos. Me dice: ‘Estoy viendo la luz al final del túnel’. Esta fue su respuesta al cómo estás. El supuso que la cámara digital sería la ruina de su negocio. Antes de la aparición de las digitales, contrataba quince empleados en su local comercial; hoy sólo a tres y dos más gracias a los programas de empleabilidad subvencionada por el gobierno.

Preguntas posteriores a a la inauguración de la muestra “Registros”
-¿Por qué el artista acepta que la institución universitaria-UTAL-, que ha dispuesto para él toda su instrumentación cultura, haga coincidir su inauguración con la del grabador de Santos Chávez?
-¿Por qué queda la impresión que la institución universitaria ha tomado la inauguración de la muestra de Alejandro Cáceres como plataforma para inaugurar La muestra de Santos Chávez?
-¿Por qué el presentador (R. Villar) usa la expresión: ‘Cáceres viene trabajando en esto de mezclar’ para explicar la estrategia de de producción del artista?
-¿Por qué el artista ocupó más tiempo para discurrir acerca de su obra que el mismo presentador?

A modo de conclusión
El Pueblo es Sabio.
El arte es cuestión de egos, tal como usó la expresión María Eugenia Arellano para referirse al senado Flores. Las instituciones también disponen de un ego, tal como lo tienen los individuos. Entonces, queda en el aire la pregunta acerca de cuál es el ego de una institución que, disponiendo toda su infraestructura., promueve a un “joven talento”, inaugurando simétricamente su exposición junto a la de un ‘artista consagrado’, como suelen decir las encargadas del centro cultural en cuestión.
En los noventas, la ciudadanía talquina quedó asombrada con la expresión del ex-rector Álvaro Rojas al anunciar que una tarea de la universidad consistía en pagar la deuda con la región. Si las tareas universitarias no son cortoplacistas, cabe preguntarse si de esta forma se estaría pagando esa deuda.
Cuando coinciden dos situaciones que permiten el ahorro de tiempo o trabajo, denominamos a ello ‘feliz coincidencia’. Examinando esto en la inauguración de “Registros…” desde la política de extensión universitaria y desde la política individual de la circulación de la producción artística, ¿estamos ante ‘una feliz coincidencia’? Si estamos ante una feliz coincidencia, ¿sale preponderantemente legitimado el pintor local Alejandro Cáceres?
Si el rechazo a la inscripción de ChilePrimero, como partido político que busca un protagonismo desde su singularidad, lesiona el ego de un senador presidenciable, en el caso de la inauguración simultánea Cáceres-Chávez, ¿resultan lesionados los egos personales e institucionales?
“El Amigo del Arte” citó la envidia. ¿Cómo confrontar mi envidia frente a expresiones del presentador y el artista durante la inauguración?:
-Villar: ‘Cáceres vienen trabajando en esto de mezclar’
-Villar demora tres minutos en la presentación y enseguida Cáceres explica su operación artística durante quince minutos sin pausa.

La Luz al Final del Túnel
‘La Luz al Final del Túnel’, que mencionara el dueño del local Chévere, necesariamente está adjunto al momento cuando todos los espectadores se estaban retirando de la muestra “Registros…” para asistir a la de Santos Chávez, en la amplia sala contigua y el fotógrafo de la universidad retrata a Alejandro Cáceres montando su bicicleta junto a un muro donde se exponen sus obras. Ese retrato performático abre una incontestable perspectiva de trabajo. Y la inauguración de esa vertiente le pertenece plenamente a Cáceres

miércoles, 4 de febrero de 2009

4 Fotògrafos


Cuarteto de Fotógrafos
Miércoles 10 de Diciembre de 2008.-
Con la exposición de fotografías, denominada ‘Tal Cual’ de Francisco Flores en la Biblioteca Regional del Maule se ha completado una evidencia histórica de La Primera Década de Fotografía Talquina. Uno podría distinguir tres o cuatro hitos caracterizadores de la emergencia de fotógrafos desligados de la fotografía académica, o vinculados en sentido estricto a lo académico
a.-la Fotografía ha desplazado del protagonismo local a los artistas visuales.
Nota: En la década anterior, R. Villar mantuvo el monopolio de la fotografía, como práctica intencionada. Y se hizo cargo de su política de difusión; así, publicó en los años ’93 fotografías de su autoría, que podrían inscribirse como datos etnográficos de la realidad barrial, localizados-captados en el Barrio El Edén. Estas tomas fueron impresas en un suplemento del Diario El Centro. Adjuntó fichas técnicas estrictas que daban cuenta de las condiciones instrumentales de captura de la imagen.
En años posteriores, Héctor Labarca arrebata ese monopolio. Labarca, en la difusión del medio, aborda el desarrollo de la fotografía como producto cultural internacional y cita ordenadamente a los precursores y a los noveles Por otra parte, copa el recurso periodístico al hacer uso de la página completa que le fuera asignada en el suplemento cultural dominical. Labarca omite, o aborda mínimamente el detalle técnico que acompañó la toma, e incursiona en el sentido de la imagen. O en el montaje que la hizo posible; es decir, por un lado, al ofrecer un registro histórico e internacional, reposiciona la fotografía, y a la vez, al señalar sus trucos al lector-espectador, le quita el rasgo críptico de su factura y la hace hipotéticamente comprensible. Y factible. Los Pie de Foto elaborados por Labarca, que se detenían en los datos históricos y en los contextos socio-políticos, se abordaron sin alardes técnicos o narrativos. Su única dirección fue apuntar a la comprensión y a la masividad de su recepción y logró transmitir el entusiasmo por su apreciación estética.
Hay que decirlo: es Labarca quien ha captado fotografías de Bienal. (Su fotografía de un detective, del que el espectador observa sólo su Colt calibre 38 tendría una cabida indesmentible en la exposición Sutil Violento, de estos días, en el MNBA).
Un aspecto importante de consignar: los artistas visuales que han tomado el registro de representación mecánica lo han usado en calidad de post-fotografía, vale decir, en material de trabajo artístico, y no arte en sí mismo, en su completad expresiva, no han traspasado el límite del peso de la fotografía como referente puro: cito el caso de la obra de Loreto Pérez, Simón Fuentes y Alejandro Cáceres. Este trío de artistas visuales le asigna un comportamiento y utilidad no documental. En la exposición celebratoria del Día de la Fotografía Alejandro Cáceres hizo un montaje donde se manifestaba con certeza ese arranque hacia el comportamiento pictórico -también objetual- de las imágenes. No así Mauricio Torres, quien, si bien no documenta, si aborda la fotografía como encargo –en particular su última beca Fondart-, pero allí no ha superado la estética de la Revista Fibra.
b.- la existencia de un Cuarteto de Fotógrafos
Este Cuarteto lo conforman:
Elisabeth Gumberguer Alfredo Morán

Héctor Labarca Francisco Flores

Gumberguer, Labarca y Morán establecen una marca de producción, gestión y montajes para su sanción pública con una presencia muy definida, porque cada uno consigna más de tres o cuatro muestras individuales.
La Exposición ‘Maula’ De Héctor Labarca marcará un antes y un después por su opción de hacer el primer catálogo con tapas dura; decisión volcada a superar la mezquindad de su recepción por parte de los espectadores atentos talquinos.
(Tres días antes de su inauguración comenté a un agente cultural local esta noticia, aderezándola con el gesto de entusiasmo por continuidad expositiva de Labarca y, ante estas apreciaciones, él dijo: ‘ahí va a estar toda la taquilla’. En la exposición misma escuché otros comentarios: ‘lo mismo de siempre’, ‘no hay un estilo personal’ Sin embargo, en las obras expuestas había varias fotografías dignas de Bienal. La fotografía que capta un juguete plástico que representa un superhéroe, con gotas de sudor en su rostro y en su cuerpo, contra un fondo de paisaje maulino es inolvidable. Esa es otra fotografía de Bienal)
El conjunto de fotografías de esa exposición supera el supuesto marco del encargo, es decir, ilustrar una lectura literaria del ethos regional.
c.- Características de los enfoques y tomas
Apresuro una precaria lectura coyuntural:

Flores: Mirada modernista Gumberguer: Encuadre Clásico

Labarca: Tradición Modernista Morán: Relectura del Original

1.- Héctor Labarca. Si las fotografías de ‘Rodri’, fotógrafo comercial del medio siglo pasado, quien no tuvo una manifiesta intención de hacer una fotografía artística, es, sin embargo, un obligado referente de fotografía documental local, Labarca acentúa esa opción de mirada, pero agrega un entrenamiento y experimentación tanto en encuadre, colorido y pose. Y pone en obra el gesto moderno de la ironía, la parodia y el humor, que a veces suele superar la convención de la toma.
(Lo irónico del acercamiento de H. Labarca: alrededor de los primeros años noventas en fotorreportajes de la prensa impresa es retratado como espectador anónimo, junto a otros lugares donde se ha producido una noticia que requiere la presencia de enviados especiales. Recuerdo una donde comparece con otros individuos contra un fondo donde aparece un barco, siniestrado o a punto de un desguace. Esa aparición previa y performática –anónima- desembocó en un protagonismo sostenido detrás del lente)
2.- Gumberguer no se desmarca de su clasicismo de encuadre y técnica. Su exposición Retratos de Latinoamérica es una demostración de conocimiento, cuidado y lealtad a la fotografía blanco/negro. Sus estudios de erosiones y oxidaciones casi microscópicas, como un universo de color y facetas de lo material, dan cuenta de una posible irrepresentación casi deudora de lo pictórico. El tratamiento que diera a su proyecto Fondant Animitas no hace más que confirmar su vínculo sólido con la tradición clásica de la fotografía.
3.- De los cuatro, Alfredo Morán es quien, a mi juicio, hace una Fotografía (que cumple con el requisito de que sea) de Exportación. Su exposición de desnudos del año 2006 en la Biblioteca Regional, desde el enmarcado de las fotografías hasta la desconfianza puesta en la alquimia técnica,-cuestión que suele atrapar a los maníaco obsesivos y postergar al que busca una expresión artística, dejaron en claro que le asiste una actitud y una convicción directamente encaminada a desmarcar sus fotos del convencionalismo
Es el primer trabajo artístico con modelo (dicho sea de paso: ‘antimodelo’, porque no cuadra con el estereotipo que la industria del desnudo ha acostumbrado al ojo espectador) y si bien pareciera que hubo a la base una intención de narratividad poética, a la hora de dar cuenta del efecto totalizador de la muestra, resalta sólo el clima y la atmósfera logrado por la muestra (en sentido estricto, es el primer fotógrafo que hace un trabajo con modelo. Lo que hemos visto de Orlando Mellado, en cuanto a trabajo con modelo, ha estado bajo la mirada convencional, proveniente del género pictórico del desnudo y la cantidad de fotografías no alcanza los dos dígitos))
Recientemente, en la muestra organizada para conmemorar el Día de la Fotografía, muestra montada en la galería de la Casa del Arte, Morán exhibió retratos, siempre blanco/negro, pero ahora fuera del formato histórico que había presentado anteriormente y con un grado de convicción en el manejo de la pose que no se había visto en la fotografía exhibida en esta ciudad. Esos retratos dan la idea de que fuesen una declaración.
4.- Francisco Flores. Adelanto una conversación con el fotógrafo en el Rincón Radical. En esa ocasión analizamos el desarrollo de la fotografía en Talca. Es el único fotógrafo que hace encuadrar su lógica discursiva y los productos fotográficos. A este respecto: El Jueves 6 de Noviembre del presente año, en el Diario El Centro, publican un breve reportaje anunciando la inauguración de la muestra y recupero una parte de las opiniones de Flores: “Dar la posibilidad para que la mirada distraída pueda ser un tema en sí, sin necesidad de pasar por grandes filtros dotándola de una naturalidad en la que ya no importa la predeterminación. En este sentido, el fotógrafo vuelve a ser un catalizador y no una estrella o una celebridad”. Disiento de esta declaración porque no hay mirada distraída en un fotógrafo militante. Tal Cual contiene una mirada más exigente; su apelación al fragmento composicional y la captura de signos gráficos o escritos, descontando la complacencia y arsenal iconográfico que provee lo urbano, del que el Pop hizo una fiesta, desemboca en una lectura que remite al punctum, enseñado por R. Barthes; es decir, a esa toma que ’habla’ de una herida. La ciudad talquina. Cualquier ciudad chilena. Ningún rostro o rasgo humano que re-envíe al espectador al humor, a la melancolía, a la parodia: hitos de sensibilidad del que el espectador pueda aferrarse como de un salvavidas. En este plan, Francisco Flores no hace ninguna concesión. Los formatos de la exhibición desmitifican el gigantismo del avisaje urbano. Lo hacen de bolsillo. Queda la sensación que uno podría guardarlo en algún bolsillo de la memoria. Es inevitable pensar que es su estética lo que le hace descalzarse de los tres fotógrafos mencionados.
Un aspecto ulterior al cual poner atención: en el volante de difusión escribe “una mirada anodina y contemporánea”; esta frase comparece como un subtítulo. Mediante la manipulación del diseño digital pareciera haber quedado impreso sobre trozos de masking-tape, previamente adheridos al fondo fotográfico de una escena que muestra el perfil de una joven en el preciso segundo cuando activa la llama de un encendedor, en la oscuridad artificial de un restobar o de un pub. Haces de luz se originan en las bases del título Tal Cual. El subtítulo, que hace alusión a ‘lo insignificante, a lo ineficaz, a lo insustancial’, implementa la noción del fragmento, decisión a la base en el enfoque de todas las obras exhibidas. Dato necesario de recordar: al interior de las escrituras ensayísticas, el fragmento remite a la disolución social. Es en este sentido que, dentro del Cuarteto, Francisco Flores es el más puntado.
(Este cuarteto podría ser un quinteto si incluyera a Vania Mihovilovic, quien a la fecha de este reporte ha hecho dos exposiciones. Sin embargo, es necesario esperar. Sus fotografías hasta ahora están subordinadas en extremo a la noción del ‘encargo’. Podríamos decir que son ‘encargos positivos’ por cuanto, al modo del proyecto Fondart de Mauricio Torres Vienne cuando capta el paisaje regional, se destinan a cumplir con las políticas culturales gubernamentales, postergando el acercamiento personal a los temas o a las tematizaciones que entregaron como oferta- a desarrollar- en sus postulaciones al Fondart. Su exposición de las adolescentes con embarazo precoz cabía perfectamente en lo que podría ser una categoría del ‘encargo de un proyecto de servicio social’)

jueves, 29 de enero de 2009

रोगातिवा Mapuche


Plaza de Armas de Talca.-
Miércoles 17 de Diciembre de 2008.-
Salgo a la Plaza de Armas a eso de las 14:00 horas por la Calle Uno Norte, cruzo la Calle Uno Oriente hacia la esquina nororiente, frente al edificio de la Intendencia Regional. Allí observo una veintena de mapuches, de ambos sexos y edades, ataviados con sus trajes típicos –particularmente las mujeres; los hombres mayores sólo visten la vincha- y tocando kultrunes, pifilkas y trutrukas, mientras giran alrededor de un enramado vertical, del que penden algunas cintas.
Toda la mañana ha estado nublado y lentamente se esparcen las nubes y por los claros se anuncia el calor de la tarde. Resguardado a la sombra de un árbol, me detengo a contemplar el ritual. Cada cierto rato, uno de los danzantes da un grito breve, que enseguida es coreado por los participantes danzantes.
Tres fotógrafos no se distancian del grupo. Uno es Alfredo Morán. Está premunido de una cámara fotográfica digital. Semiarrodillado a unos tres metros del grupo de bailarines, aleja de sus ojos la cámara y, sosteniéndola con sus brazos estirados, calcula el encuadre de la escena. Recuerdo haber contemplado fotografías de Morán donde usara como tema el rodeo chileno; allí captó fragmentos anatómicos de caballos y atavíos de los jinetes y en todas usó la fotografía a la manera de instantánea y la imagen movida. Esas fotografías no parecían realzar ‘el deporte’ del rodeo.
Otros fotógrafos registran los movimientos del baile con videocámaras.
Los espectadores están sentados en los bancos de la plaza, a varios metros de distancia; yo y los fotógrafos nos hemos detenido a cumplir el papel de espectadores de pie y próximos.
Reconozco a una de las bailarinas. Con ella me topaba cada mañana cuando trabajé en el Colegio De La Salle, en la década pasada. Distingo que las ancianas llevan un perfecto tinturado negro en su cabellera y su vestimenta es impecable. Si bien todos son morenos y de similar corpulencia, el vestuario diferencia con distintas situaciones socioeconómicas.
Cuando estoy sacando este tipo de conclusiones, una mujer morena, de unos setenta y tantos años, se para a mi lado. Me dice:
-Ellos son los orígenes de Chile…
-Usted querrá decir: nuestros orígenes- preciso.
Ella replica con convicción:
-Sí; de ahí venimos los chilenos. Y los ladrones y borrachos fueron los españoles; de ahí viene lo malo.
Después, la anciana se aleja en dirección a la Calle Uno Sur.
Minutos más tarde, se acerca Alfredo Morán. Se ve estimulado y en su rostro denota la concentración del fotógrafo para captar la instantaneidad del acontecimiento. Nos damos un saludo apresurado. Descansa unos segundos a la sombra Le pregunto si la celebración corresponde a algo relacionado con el año lunar. El dice:
-Están protestando.
-¿Por qué?- digo.
-Por su cultura…y otras cosas más- dice, con seriedad y un dejo de gravedad en la voz; con ese tono da cuenta de cierta solemnidad que abarca el entorno de los hechos que estamos presenciando.
Enseguida, cuando lo veo preparándose para seguir tomando fotografías, a la rápida le pido su e-mail. Lo dicta y se aleja. Da unas cuantas zancadas y está nuevamente semiarrodillado calculando encuadres.
Continúo contemplando el ritual, que no incorpora ninguna modificación: sonidos musicales-baile-giros grupales alrededor del enramado y grito jubiloso.
Los fotógrafos no paran de hacer tomas.
Se acerca a saludarme Paola Lara, estudiante universitaria de primer año de enfermería. Dice que está acompañando a la madre de su pololo.
-Ella tiene el apellido…-dice. Con esto debo entender que la suegra tiene apellido mapuche.
-¿Qué están haciendo?- digo.
-No sé. Vienen del edificio de la Unión Comunal-dice-. Allá estuvieron haciendo lo mismo.
Le describo la opinión de la anciana, minutos antes, y ella hace un gesto de asombro.
El sol está dominando todo el espacio y el cambio de temperatura es rápido, casi instantáneo. La reunión termina con un grito coreado por los danzantes y luego se reagrupan y hacen comentarios inaudibles para mí. Me despido de Paola Lara y me retiro.
Al día siguiente, el diario el Centro titula” Rogativa Mapuche”. Acompaña el titular con un par de fotografía del grupo de mapuches en un recinto cerrado. La lectura en páginas interiores informa que la actividad se enmarca en un programa de difusión de las culturas originarias.
Algo que he venido precisando a los artistas visuales queda de manifiesto, a propósito de la rogativa: ellos se han replegado. Y los fotógrafos han ocupado su lugar. Morán lo demuestra: (con mayor o menor información) él está en la contingencia. Morán hace contemporánea su práctica, cuestión que, hasta hace unos años, era privativa de los artistas visuales locales. Allí enraizaba su oferta.
(El domingo 14 de Diciembre de 2008 los lectores del Diario El Centro fueron informados de los resultados del Concurso Literario Stella Corvalán, auspiciado por la Municipalidad de Talca. En el titular se leía:,“El Llamado de la Fortuna”. La fotografía que lo acompañaba mostraba, en primer plano, al nuevo alcalde informando con una llamada telefónica al ganador; en un segundo plano, el lector podía observar la silueta del poeta talquino Adriano Améstica, quien sostenía un legajo de papeles. Esa fotografía me pareció ilustrativa de lo que denomino el repliegue del artista)